Me parece fascinante cómo Shawn Achor demuestra que la felicidad no es un premio que viene después del éxito, sino una herramienta que potencia nuestro rendimiento y creatividad desde el presente. Me inspira la idea de que pequeños hábitos diarios, como la gratitud o actos de bondad, pueden realmente reentrenar nuestro cerebro y generar un impacto positivo en nuestra vida y trabajo. Es un recordatorio práctico de que podemos elegir nuestro enfoque mental y, con ello, mejorar nuestra realidad.