Los valores definen nuestras motivaciones y actitudes. Cuanto más aclarado esté este punto, mejor puede ser la forma en que me relaciono con todo lo que va a suceder en mi vida. Los valores suelen ser permanentes, mientras que las motivaciones no lo son. Las motivaciones pueden cambiar. Esto es normal. Si estoy en un momento de mi vida, puedo tener esta motivación, pero luego las cosas cambian. Y, si no tengo esto muy claro, siempre voy a pensar que las cosas eran como antes, y no.
Los valores son fundamentales porque van a dirigir las conductas que voy a tener. Intentemos reconsiderar la coherencia entre nuestros objetivos y valores. Porque, cuanto más clara esté esta situación, mejor puedo tener un comportamiento que esté vinculado con esos valores. Porque de lo contrario, voy a actuar, voy a hacer las cosas por hacerlas, y eso no es el sentido que muchas personas pueden querer atribuir a su vida.
La frustacción se presenta cuando no salen las cosas como las habiamos planeado, lo cual genera molestias y tristeza y desmotivación, por lo que se debe tener una actitud positiva frente a las adversidades y siempre tratar de salir de la desmotivación y seguir intentando hasta lograrlo.