He aprendido que el estado de flujo es esa experiencia increíble en la que estoy tan concentrado en lo que hago que el tiempo parece desaparecer. Es como si todo lo demás se desvaneciera y solo existiera yo y la tarea frente a mí. Me doy cuenta de que este estado ocurre cuando el desafío es justo el adecuado para mis habilidades: no demasiado fácil, pero tampoco abrumador. En esos momentos, siento un control total, un propósito claro y una satisfacción que viene desde dentro. Es algo que me inspira a buscar actividades que realmente me reten y me apasionen, porque sé que ahí es donde puedo dar lo mejor de mí y disfrutar al máximo.