Dividir la tarea en pequeños objetivos alcanzables: En lugar de tratar de abarcarlo todo, me enfocaré en objetivos más pequeños y alcanzables. Por ejemplo, en vez de intentar enseñar todos los aspectos de un fenómeno social, elegiré un solo ángulo o aspecto del tema para trabajar de manera profunda. Esto me ayudará a reducir la sobrecarga y me permitirá mantenerme más concentrado y menos estresado.
Aceptar el proceso y flexibilizar el enfoque: En lugar de obsesionarme con el resultado perfecto, aceptaré que el proceso de enseñanza también tiene un valor importante. Me permitiré cometer errores y aprender de ellos. La flexibilidad para ajustar mi enfoque según las necesidades del grupo será clave para mantenerme en un estado de aprendizaje continuo, ayudándome a superar el estrés y avanzar hacia una comprensión más profunda.
Buscar retroalimentación constante y utilizarla como recurso: En lugar de esperar a que todo salga perfecto o a que se vea la "gran imagen", empezaré a pedir retroalimentación inmediata durante la clase o la actividad, incluso con pequeñas preguntas a los estudiantes. Esto me permitirá ajustar mi enfoque rápidamente, manteniendo un nivel adecuado de desafío sin sentir que pierdo el control.