Aceptar la incomodidad: Comprender que el aprendizaje no siempre es un proceso fluido y que los errores son oportunidades para crecer. Al aceptar la incomodidad y la frustración, puedo liberarme del miedo al fracaso y concentrarme en resolver el problema.
Pedir ayuda o colaborar: En lugar de quedarme atrapado en mis pensamientos y luchando solo, buscaría ayuda en foros, compañeros o tutores. A veces, hablar con alguien más puede ofrecer una perspectiva fresca y solucionar el problema más rápidamente.
Tomar descansos estratégicos: Si noto que la frustración aumenta, me tomaría un breve descanso para despejar mi mente. Esto me permitiría volver al problema con una mentalidad más relajada y abierta, lo que incrementaría mis probabilidades de encontrar la solución.