La Teoría de la Elección (también conocida como Teoría del Control), desarrollada por el psiquiatra William Glasser, postula que todo lo que hacemos —pensar, sentir, actuar— es un comportamiento elegido. Glasser argumenta que los seres humanos están intrínsecamente motivados por la satisfacción de cinco necesidades genéticas básicas:
Supervivencia: Necesidad de alimento, refugio, seguridad y reproducción.
Amor y Pertenencia: Necesidad de conexión, relaciones, amistad y comunidad.
Poder: Necesidad de competencia, logro, reconocimiento y control.
Libertad: Necesidad de autonomía, independencia y elección.
Diversión: Necesidad de placer, alegría y aprendizaje.
Aprendizaje según Glasser:
Para Glasser, el aprendizaje efectivo ocurre cuando el estudiante percibe que lo que está aprendiendo es útil y relevante para satisfacer una o más de sus necesidades básicas. Si el aprendizaje no contribuye a estas necesidades, será visto como irrelevante y la motivación disminuirá.
Enfoque en la Relevancia: Los estudiantes aprenden mejor cuando el contenido se relaciona con sus vidas y les ayuda a conseguir lo que desean.
Participación Activa: El aprendizaje debe ser un proceso activo y significativo, no pasivo. Los estudiantes deben estar involucrados en la elección de lo que aprenden y cómo lo aprenden.
Ambiente No Coercitivo: Un ambiente de aprendizaje basado en la elección y el respeto, en lugar de la coerción y el control externo, fomenta una mayor implicación y un aprendizaje más profundo.
Enseñanza de Calidad: Implica guiar a los estudiantes a ver la conexión entre el conocimiento y la satisfacción de sus necesidades, haciéndolos sentir que el aprendizaje es valioso.
En resumen, la teoría de Glasser se centra en la motivación intrínseca del estudiante, argumentando que el aprendizaje es más exitoso cuando se alinea con sus necesidades fundamentales y se percibe como una elección valiosa.