La teoría de Kolb no solo es relevante en el ámbito profesional, sino que también nos brinda herramientas para nuestro desarrollo personal. Al identificar nuestro estilo de aprendizaje dominante, podemos:
Optimizar nuestras estrategias de estudio: Seleccionar recursos y técnicas que se adapten a nuestra forma de aprender. Salir de nuestra zona de confort: Desarrollar habilidades complementarias que nos permitan enfrentar nuevos desafíos y oportunidades. Fomentar la autoconciencia: Comprender cómo aprendemos nos ayuda a conocernos mejor y a tomar decisiones más acertadas.
En mi caso, reconocer que soy una persona más bien práctica me ha llevado a buscar experiencias de aprendizaje activo, como proyectos y talleres, que complementen mi formación teórica.