Durante una presentación en vivo frente a un público experto, tuve que explicar un tema complejo que aún no dominaba por completo. Sentí mucha presión por “tener todas las respuestas” y no parecer inseguro. Al recibir una pregunta inesperada, me bloqueé, mi mente se quedó en blanco y empecé a hablar con nerviosismo, sin claridad.
¿Qué me dejó atrapado en la zona de estrés?
-Miedo al juicio: Temía ser visto como “incompetente” por no tener todas las respuestas.
-Autoexigencia excesiva: Quería hacerlo perfecto, sin margen de error.
-Desconexión del momento presente: Me quedé atrapado en pensamientos del tipo “¿qué van a pensar si me equivoco?”, en vez de enfocarme en la pregunta real.
Actitudes Diferentes para la Próxima Vez:
-Aceptar que no saber algo está bien: Puedo responder con honestidad y ofrecer investigar más, en lugar de improvisar con inseguridad.
-Prepararme, pero no sobrecontrolar: Practicar sin obsesionarme con memorizar, y confiar en que puedo adaptarme si algo cambia.
-Respirar y conectar con el momento: Tomar una pausa consciente antes de responder ayuda a calmar la mente y recuperar claridad. Estar presente es más valioso que tener todas las respuestas.