La problemática a la que me enfrenté fue que mi computador no pudo completar la tarea en el programa de renderización que se esperaba que utilizara para una entrega final de un curso que estaba haciendo. Esto me dejó con sólo el 20% del trabajo hecho y sin saber cómo continuar con la tarea. Debido a que sólo tenía experiencia en ese programa en particular, me sentí atrapada en la zona de estrés, sin saber qué hacer para completar el trabajo a tiempo y cumplir con las expectativas del profesor.
Tres actitudes que puedo tener en cuenta para la próxima vez que algo así pase, son:
- Conocer y aprender sobre otros programas de renderización.
- Tener un plan de respaldo en caso de que mi programa preferido no funcione.
- Ser más proactiva para evitar o anticipar problemas potenciales.
Me adapté a la primer actitud y me tomé el tiempo para aprender lo básico de otro programa de renderizado; trabajé diligentemente para crear los renders que necesitaba y a pesar de que estaba en un territorio desconocido, me sentí más confiada a medida que avanzaba.
Finalmente, mi entrega fue una de las mejores, lo que me demostró que aunque estaba en una situación de alta presión, fui capaz de manejarla de manera efectiva. Esta experiencia me dejó la lección de que, cuando se presenta un problema, siempre hay una solución y a veces las situaciones más difíciles pueden ser una oportunidad para aprender algo nuevo y crecer como profesional.